No es una academia ni un curso cerrado. Es un lugar para quien ya toca, ensaya en casa y necesita ordenar lo que hace cada semana con la guitarra en las manos.
Práctica con criterio, no con prisa
La mayoría de los guitarristas autodidactas no falla por falta de material, sino por exceso de material sin orden. Acá se trabaja con bloques cortos: calentamiento, escalas, arpegios, lectura rítmica y oído. Cada bloque tiene un objetivo concreto y se mide con metrónomo, no con sensaciones.
Herramientas que se usan de verdad
Tablaturas propias, grabaciones de referencia y backing tracks sirven para comparar lo que uno cree que toca con lo que realmente suena. La improvisación se estudia sobre progresiones concretas, no como una idea abstracta. Lo mismo con la digitación: se revisa posición por posición, sin atajos.
El instrumento también se mantiene
Una guitarra mal calibrada arruina cualquier rutina. Por eso el proyecto incluye criterios para elegir cuerdas según calibre y afinación, detectar cuerdas muertas y hacer ajustes básicos de acción y relieve del mástil. Lo que excede ese terreno se deriva a un luthier, sin improvisar.
El efecto esperado es simple: que después de unas semanas de práctica ordenada el guitarrista note que toca más limpio, que improvisa con intención y que entiende por qué suena como suena.